En tiempos donde el éxito empresarial suele medirse por la rentabilidad y la expansión, la vida de Sir John Laing destaca como un modelo distinto: un líder que puso su empresa al servicio de Dios, canalizando cientos de millones en donaciones discretas y apoyando el avance del evangelio a nivel mundial, dejando un legado de integridad, generosidad y visión cristiana.
Fuente de recursos para la misión
Una de las mayores necesidades de las organizaciones cristianas es contar con recursos suficientes para cumplir la misión y visión que Dios les ha confiado. Este es un tema sensible, especialmente en contextos con fuerte tradición católica, donde existen prejuicios —correctos o no— sobre la gestión financiera de las iglesias, dificultando que muchos creyentes aporten donativos con confianza.
En este sentido, el evangelio nos enseña que el dinero y los recursos no nos pertenecen realmente, sino que somos administradores de lo que Dios pone en nuestras manos. No es necesario extenderse sobre el tema del diezmo, un concepto bien conocido y discutido en numerosos textos, sino más bien ampliar nuestra perspectiva para imitar a aquellos creyentes de otros países donde el cristianismo lleva más tiempo arraigado y que han dejado testimonios admirables.
Sir John Laing: ejemplo de administrador fiel
Entre tantos ejemplos, uno sobresale por su fidelidad y discreción: Sir John W. Laing (1879–1978), empresario británico del movimiento de los Hermanos Libres. Desde humildes inicios, transformó una pequeña empresa familiar de construcción en una firma internacional de ingeniería civil reconocida.
Obras emblemáticas
Laing participó en más de 150 grandes proyectos de ingeniería, como el segundo puente sobre el río Severn en Inglaterra, la reconstrucción de la catedral de Coventry tras la Segunda Guerra Mundial, y la construcción de la primera autopista inglesa, la M1. También edificó barrios enteros, centros comerciales, túneles y centrales nucleares, además de llevar obras a nivel internacional, como en Madrid.
Un proyecto destacado fueron los Mulberry Harbours, plataformas temporales que facilitaron el desembarco aliado en Normandía durante la Segunda Guerra Mundial. Laing también fue pionero en innovaciones laborales, otorgando vacaciones pagadas, pensiones y sistemas de bonificación por calidad y eficiencia mucho antes de que fueran estándares en la industria.
Generosidad en acción
En 1922, Laing donó casi el 40% de sus acciones a la Stewards Company, una fundación evangélica destinada a apoyar múltiples obras misioneras y denominacionales. A lo largo de su vida, su empresa aportó cerca de 650 millones de euros a causas evangélicas, incluyendo hospitales, colegios bíblicos y organizaciones misioneras.
Apoyó también movimientos apologéticos, colegios evangélicos y la fundación de misiones aéreas (MAF), y promovió la investigación bíblica, colaborando con reconocidos eruditos. Su estilo de donación buscaba fomentar la responsabilidad del receptor, promoviendo la cofinanciación para fortalecer el compromiso con la visión compartida.
Un legado de humildad y fidelidad
El testimonio de Laing estuvo profundamente marcado por el ejemplo de sus padres, quienes entregaban gran parte de sus ingresos a la obra de Dios. Sir John vivió de manera sencilla y austera, retirándose con modestos recursos a su hogar en Londres. Su espíritu filantrópico y su visión empresarial continúan vivos en la empresa y en los fondos que sus descendientes mantienen para apoyar causas cristianas.
Conclusión
Sir John Laing encarnó la fe puesta en acción: un empresario que entendió que la vida abundante se vive sirviendo a los demás. Fue un líder que combinó éxito, sencillez, generosidad y compromiso, confiando plenamente en que los bienes materiales son para ser administrados con integridad y humildad. Su ejemplo sigue inspirando a quienes buscan que sus empresas sean verdaderos instrumentos del Reino de Dios.








